Aniceto, de Leonardo Favio
Si usted lee o escucha por ahí hablar de ballet cinematográfico o de impronta teatral en referencia a Aniceto, la última película de Leonardo Favio, no se deje engañar: Aniceto es una obra puramente fílmica. Y si usted ama el cine los primeros diez minutos de película pueden emocionarlo hasta las lágrimas por el redescubrimiento del lenguaje que provoca cada plano.
La delicada sensibilidad que se plasma en el montaje, el uso maravillosamente plástico de la iluminación, una banda sonora precisa, actuaciones impecables, y una apuesta al fuera de campo y a primeros planos con miradas cargadas de tensión como elementos generadores de emoción, hacen de esta película una cita obligada con el cine de uno de los pocos directores argentinos que se ha ganado la categoría de autor, el mejor de todos para muchos.

Esta sencilla historia de amor y desamor es la excusa de Favio para tornarse en un demiurgo cinematográfico, que nos instala en el universo sensual de los protagonistas de este triángulo amoroso trágico. La creación en un hangar de Quilmes de todo un pueblo de provincia, con sus cielos, sus árboles, sus calles y sus ríos no sólo fue un importante desafío de producción sino que revela la claridad del realizador para manipular el espacio fílmico y sus relaciones.
Los realizadores y críticos argentinos deberían abordar con profundidad la propuesta formal de Aniceto (como así también las de Monobloc, La ciénaga y La libertad) para encontrar nuevos caminos estéticos que revitalicen un cine nacional que se copia cada vez más a sí mismo. Si no se establece un campo de reflexión más rico sobre el audiovisual contemporáneo en Argentina, ¿tendremos que esperar hasta una próxima película de Leonardo Favio para encontrarnos con algo de innovación?
Casi como una nota al margen, no puedo dejar de pensar que tal vez esta película nacida con justo destino de clásico esté, además, haciendo mucho más por la difusión de la danza que los masivos espectáculos que las políticas culturales de turno han realizado a la sombra del obelisco aprovechando el renombre internacional de figuras como Julio Bocca.
Puede ver el trailer de la película y fotos en el sitio web oficial “Aniceto”, de Favio.
Gustavo Guaragna: magia, software y cine…
Encontré en Bloggers Report una interesante entrevista a Gustavo Guaragna, el presidente y CEO de Snoop Consulting.
El principal motivo por el que me llamó la atención y quería recomendar su lectura es porque Guaragna manifiesta un interés potencial en tener una productora de cine:
-El día que vendas tu parte en Snoop como hiciste con Tesis, tu primera empresa, ¿con cuál de esas pasiones te vas a quedar?
-Tal vez si o tal vez no. No lo sé. Pero si la vendiera, tendría una productora de cine. Creo que hacer cine y hacer software son muy parecidos. Tiene su cuota creativa, tiene su parte industrial, son proyectos de mucho riesgo y hay que dirigir mucha gente. Me gustaría.
Si repasan mi primer post verán que una de las razones por las que escribo este blog es para unificar mis dos pasiones: el cine y el desarrollo de software de calidad, así que no podía dejar de referenciar esta entrevista donde aparece la misma fusión.
En otro orden de cosas, responde que para ser un buen mago y un buen empresario hay que ser un buen comunicador en ambos casos, y no hay que tener miedo a equivocarse porque el miedo paraliza.

En mi opinión personal estas afirmaciones también son válidas no sólo si habla de ser mago y empresario, sino que también son virtudes o características de un buen líder. La comunicación es fundamental en todo equipo de trabajo, y en un líder más aún. He participado de proyectos donde el temor a la equivocación hacía que no se tomaran decisiones fundamentales que a veces sólo demoraban la implementación y en otros casos se derivaban problemas más graves.
Si ustedes no conocen al entrevistado tal vez se estén preguntando ¿qué tiene que ver la magia con todo ésto? Pues que Guaragna es mago además de sus otras actividades
Siempre recuerdo el día en que le dije en el Lifia “Gustavo, me enteré que sos mago… algún día me tenés que hacer algún truco…” y acto seguido metió las manos en los bolsillos del abrigo y sacó unas monedas (más grandes que las monedas comunes, con aspecto de medallas) y me hizo algunos trucos clásicos…
Siempre listo y con la magia encima, cosa que le servió en la apertura del Snoop Update 06 para sobrellevar la demora de Guillermo Martínez en arribar al evento (pero eso lo comentaré en otro post).
fotografía: “A Little Flickr Magic”, de Tracy Byrnes – http://www.flickr.com/photos/platinum/6761199/
Un perro llamado Dolor
Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada la belleza…
(“La belleza”, L. E. Aute)
Mucho más conocido como músico y como artista plástico que como guionista y director de cine, Luis Eduardo Aute nos ofrece con Un perro llamado Dolor una película que fusiona todas estas inclinaciones artísticas en una obra inusual, que conmueve y despierta una profunda emoción estética con elementos sencillos y un cuidado tratamiento del lenguaje fílmico.
Más de cuatro mil dibujos hechos a mano por el propio Aute posteriormente fueron animados digitalmente para dar forma a este film que nos propone una emotiva mirada sobre los vínculos del artista con su modelo, en siete retratos enlazados por la mirada testigo de un perro.
Francisco de Goya, Salvador Dalí, Frida Kahlo, Diego Rivera, Julio Romero de Torres, Sergei Eisenstein, Pablo Picasso, Federico García Lorca, Orson Welles y Luis Buñuel, entre otros, son los protagonistas de estos relatos.

Esta “fantasía libertaria” con la que Aute homenajea a sus artistas más queridos también se constituye en reflexión sobre la libertad, el arte, el amor y la muerte, y tiene como materia prima fundante de cada plano el tratamiento temporal y plástico de la imagen.
Una película singular, plena de amor por el arte, que instala en nuestros corazones la belleza de un poético acto de resistencia contra la muerte…
Éste texto fue escrito para el programa de la proyección de Un perro llamado Dolor (Luis Eduardo Aute, 2001) en el ciclo de proyecciones organizado por la cátedra de Realización y Lenguaje Audiovisual en noviembre del año 2005 en el auditorio de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata.
The Passing
Para mi primer entrada sobre cine voy a copiar la que considero mi primera crítica cinematográfica seria: un texto sobre The Passing, un video que Bill Viola realizó en 1991.
Ésto lo escribí para el programa de la proyección de The Passing en el ciclo de proyecciones organizado por la cátedra de Realización y Lenguaje Audiovisual en noviembre del año 2004 en el auditorio de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata:
The Passing (Bill Viola, 1991)
“Tu materia es el tiempo, el incesante
tiempo. Eres cada solitario instante.”
Jorge Luis BorgesCon “The Passing” asistimos a imágenes profundamente íntimas que nos sumergen en un relato hipnótico donde se reflejan sensaciones y emociones universales. La proyección de la película es disparadora de una proyección interior, de una travesía desde el interior del artista a nuestro propio interior.
Los matices autobiográficos del relato son casi una anécdota: que sea el propio Viola quien ocupa el lugar de “protagonista”, que asistamos a la muerte de su madre y al nacimiento de su hijo… Acontecimientos íntimos y personales que nos abren una puerta al interior de cada uno de nosotros, a la reflexión sobre la constante transformación de las cosas, a los ciclos de la naturaleza, al fluir del tiempo.
El tiempo, reflexionaba Marco Aurelio en “Meditaciones”, es una corriente impetuosa que todo lo arrastra, cada instante que se presenta es inmediatamente reemplazado por otro que a su vez también será arrastrado hacia el pasado. Viola se apropia de ese flujo mediante el video, el tiempo es su materia prima, lo suspende, lo acelera, lo eterniza en un instante, se apropia de esa corriente y la moldea para revelarnos a cada momento un pequeño milagro visual, pleno de sentidos.
Un niño caminando en la playa, un auto atravesando el desierto, un tren en la noche… Imágenes. Imágenes de sucesos cotidianos, que modificadas en su temporalidad fílmica por la mirada minuciosa del artista adquieren una cualidad cuasi-onírica con una fluidez que nos transporta de la realidad al sueño, del día a la noche, del desierto a la ciudad, de la infancia perdida al presente, de la vida a la muerte, del futuro al pasado… en una travesía interior que no tiene otro punto de partida que las imágenes que nos propone Bill Viola, y cuyo destino último cada espectador descubrirá…
Y, además, el agua como forma…










